La barba, ese estilo masculino que gana adeptos

Su cuidado requiere tiempo y el uso de productos cosméticos muy variados. Ellos invierten dinero y horas en la barbería para mantenerla aseada y presentable.

Refieren que Fidel Castro se dejó crecer la barba mientras acampaba en las montañas cubanas con su ejército disidente, porque afeitarse en esas condiciones le resultaba una maniobra engorrosa. Sus hombres emularon su ejemplo y cuando la gente comenzó a identificarlos como “Los Barbudos”, el comandante aquilató su poder. “Nos dejamos la barba para preservar el simbolismo de la Revolución”, escribió en su autobiografía. Incluso cuentan que esto llevó a la CIA a concebir un plan en la década del 60 para ponerle sal de talio en los zapatos, “un depilatorio potente que causaría que su barba, las cejas y el vello púbico se le cayeran, como a Sansón”. Para zanjar el asunto, diremos que el propio Castro le dio a la historia una curiosa cláusula: “Mi barba significa muchas cosas para mi país. Cuando hayamos cumplido la promesa de un buen gobierno, me la afeitaré”. Y fue de tal calibre su prudencia ante las sucesivas circunstancias que el comandante, hasta sus últimos días, lució su poblada barba.

De acuerdo con qué tramo de la línea del tiempo caminado por el Hombre consideremos, podremos constatar que a los hombres con vello facial se les ha atribuido dones como la sabiduría y el vigor sexual. También un estatus social alto e incluso se les ha reprochado falta de higiene o refinamiento y hasta un carácter excéntrico.

Aquí en Salta existen cultores de la barba, capaces de dedicar 40 minutos para sí en una barbería o que invierten 20 minutos diarios en asearse y recortarse el vello. A caballo entre los metrosexuales y los lumbersexuales, los varones no reconocen públicamente que sienten interés por su apariencia personal. He aquí sus secretos, relatados por Cristian Gana, quien comercia artículos cosméticos para la barba, y el estilista Benjamín Cristóbal, que puso, con rotundo éxito, una barbería.

Aromas del pasado

Cristian Gana (33) tiene desde hace unos meses una tienda on line, Salta La Barba, a través de la cual comercializa productos cosméticos para hombres. El comercio surgió de una necesidad propia. Él lleva barba desde 2003 y la dificultad de conseguir los sets de cuidado completo para su vello facial lo hizo intuir que probablemente otros hombres salteños corrían su misma suerte. Y no se equivocó. Entre la retrospección y la inspiración que suelen ocurrir a quienes viajan hizo los contactos, inició el negocio y ya está en plena fabricación de accesorios textiles y jabones propios, que lanzará al mercado en julio próximo.

Actualmente vende tres marcas: Barbas Argentinas, Old Soul y Don Antonio, que ofrecen un extenso (e insospechado) catálogo de peines, cepillos, brochas, bálsamos, emulsiones, cremas de afeitar, aceites, aclarantes, estimulantes del crecimiento, jabones y ceras.

Dice haber pasado, desde los 20 años, por varios estadíos entre la dedicación extrema y el descuido, pero nunca haberse sentido tan sobrepasado como para acudir a un barbero.

“Mi elección por la barba es una cuestión puramente estética, porque si me afeito tengo cara de chiquito y al principio mi objetivo era que crezca y no me importaba nada más. Era mi época desaliñada. Mientras que cosméticos uso hace dos años”, relató. Añadió que es un autodidacta dado que difícilmente, por una razón generacional, le hubiera tocado el corte con navaja y toalla caliente efectuado por un profesional. “La barba es una cuestión muy personal, del cuidado de uno y del tiempo de uno frente al espejo. Es un acto que te lleva 20 minutos como mínimo porque cuando uno se corta rápido, por atolondrado, se termina lastimando. Incluso con la cortadora eléctrica”, expuso.

“Barba, barbita, chiva, bigote, pelusa, lumbersexuals, osos. Cuidamos tu barba, sea cual sea. Tenemos los mejores productos del país a tu disposición para el cuidado intensivo y completo de tu barba” es la elocuente publicación con que tienta a sus potenciales clientes. Comete una omisión, sus productos son “cosméticos”, pero Cristian -también dedicado a otro rubro, el de la cartelería comercial- conoce de sobra que no existe nada menos inocente que las palabras.

“A los clientes les cuesta venir a verme por productos ‘cosméticos’. La gente tiene ese temor, de venir, probar y oler los productos, para ver cuál le gusta más. Esto es como la vendedora de Avón, pero para el hombre. La mayoría al ratito se da cuenta de que uno habla el mismo idioma, el del barbudo, y ahí se vuelve más fácil. El primer paso es difícil y muchas veces mandan a la mujer a comprarles”, comentó. Todos los productos son naturales y están instalados en el gusto de varias generaciones de hombres. “Son hasta los mismos perfumes que no olía desde la época de mi abuelo”, destacó.

Ritual de amigos

Warren Buffett, quien en 2016 ocupaba la tercera posición en la lista de hombres más ricos del mundo elaborada por la revista Forbes, sentenció una vez: “Vas a dormir tranquilamente solo de pensar que la barba de dos mil millones y medio de hombres está creciendo mientras vos dormís. Nadie de la Gillette tiene insomnio”. Salvando distancias con la prolífica y centenaria fabricante de accesorios para afeitar, el comercio de la barba en Salta sigue dando muestras de buena salud, incluso de expansión. Despacio Cristóbal es la barbería que el estilista Benjamín Cristóbal (37) inauguró hace unos meses, al lado de su salón de belleza para mujeres. Basta visitar ambos locales para dimensionar que los productos cosméticos para cada género son igualmente diversificados. Con su mirada de especialista, él dijo no poder afirmar que la barba se esté volviendo una tendencia en la ciudad, sí la ida de hombres a la peluquería. En el caso del cuidado de la barba comentó: “La gente que viene lo tiene como un ritual para hacer con el grupo de amigos. Eso se está instalando mucho. Vienen con la excusa de la salida y mientras se cortan el pelo o arreglan la barba hojean revistas específicamente para hombres y se sirven bebidas de una heladera. También pueden fumar en la vereda”, explicó. Añadió que el plan les resulta atractivo. “Creo que lo hacen para cortar el día. Se distraen una hora u hora y media, pueden hablar de lo que quieren en un ambiente sin la presencia de mujeres y chusmean más que ellas inclusive”, detalló. Luego ahondó en que el proceso comienza con un testeo, que arrojará qué tipo de piel y de barba tiene el cliente. Después del diagnóstico se le suaviza la piel con una toalla húmeda. A continuación pasa por una exfoliación con productos adecuados. Luego sobreviene el afeitado tradicional con navaja. A su término, el emprolijamiento de barbas tupidas. Los recortes se efectúan de acuerdo con las formas del rostro y el estilo de cada hombre, como otros procedimientos de peluquería relacionados con el cabello. Así se toman en cuenta la vestimenta, el trabajo y las actividades del cliente.

“A los oficinistas se les ofrecen looks más formales porque deben lucir una apariencia cuidada y nada llamativa. A los lumbersexuales se les hace diseños, mostacholes, es decir, los bigotes con rulitos. A todos, dependiendo del tipo de barba y el largo, les armamos los kits para que se lleven a las casas”, se explayó Benjamín. Para él “la barba siempre fue un signo de virilidad en el hombre. No sé si suena bien o no… ¿Viste lo que se dice del auto grande en el hombre…? Bueno, la barba hoy en día te demuestra eso, más allá de la sexualidad. Están instalados la barba y el bigote como símbolos de masculinidad”, definió.

Acotó que las modas que atañen al vello facial masculino también rotaron. “Al contrario de hace unos años, cuando estaban instalados los metrosexuales, bien afeitados y algunos maquillados para salir, ahora hasta ellos se dejan la barba, sumamente prolija pero para dar el aspecto de ‘yo no me cuido’”, confesó.

Agregó que los clientes usan barba porque provoca una apariencia de mayor edad para facciones aniñadas, incluso varios buscan imponer respeto con ella si tienen puestos jerárquicos. Otros arguyen motivos estéticos, como velar cicatrices de acné o de caídas. “Más allá de la apariencia de la barba, el tratamiento te hidrata y previene olores, también regula la oleosidad en casos de acné y cuida el rostro de la mujer y de los hijos”, concluyó el estilista.

La rutina del aseo

Según Cristian Gana, lo primero es lavarse la barba con un jabón específico, para volverla más dócil. “Este te neutraliza el pH de la piel y evita que la tengas muy grasosa o seca. También la picazón o que aparezca la caspa, que en realidad es pielcita muerta”, señaló. Agregó que ayuda a ablandar una barba que está “pinchuda” o con “los cabitos gruesos y sin forma”. Después, dependiendo del largo de la barba, se le puede aplicar aceites o bálsamos para nutrir el vello. “Cada aceite tiene distintos componentes, pero todos contienen agentes nutricionales con productos naturales como jojoba o coco. Varían sus fórmulas de acuerdo con el propósito que persigan: fortalecerla, mantenerla o simplemente cambiarla. También le aportan fragancia”, detalló. Luego de lograr un acabado sedoso y brillante, el vello queda listo para ser peinado.

“El tercer acto es pasarle un peine o cepillo, por lo general de madera, para evitar la estática y que se haga una descarga, que te dé la corriente y se muera el pelo. Hay plásticos especiales que también evitan la estática”, dijo Cristian. En las barbas más largas se puede usar bálsamo o cera para volverlas manejables concluyó.

Del amor al odio

Son varios los salteños entre los 25 y los 30 años que eligen usar barba. Juan Vilariño (29) es empleado es escribiente en el Ministerio Público de la Nación. Además, trabaja en diversos proyectos freelance de fotografía y redacción.

“Cuando empecé a dejarme la barba, a los 20, trabajaba en un restaurante y las compañeras me decían que me quedaba bien y me hacía ver más grande. Luego me encariñé. Hay muchos estudios al respecto. En la antigua Grecia fue un signo de poder, sabiduría y fuerza. Luego Alejandro Magno hizo que sus caballeros se la quitaran para que el enemigo no los tire del caballo por la barba. Los romanos no la usaron, y así, fue cíclico. En el siglo XIX volvió para desaparecer en el XX, y ahora está de vuelta para quedarse un rato”, reflexionó. Añadió que para cuidársela usa jabón para asearla mientras se ducha. Cuando se vuelve muy larga vigila que esté siempre seca y la peina. “Mientras me peino aprovecho para darles unos tijeretazos a los pelos que sobran, sobre todo a los costados, para que sea uniforme y de la sensación oblonga. Un par de veces a la semana le aplico un aceite que es de argán y almendra para humectar la piel de abajo porque es sensible (no me afeito a cero con cuchilla desde hace cinco años), y además le da brillo y mejor aspecto”, detalló. Añadió que evalúa comprar una máquina cortabarba para mantenerla de uno o dos centímetros a lo sumo, porque el recorte con tijera “es un laburito”. En las antípodas de Juan, a Diego Busquets (30), productor televisivo, y David Herrera (27), periodista, su poca voluntad y dolorosas experiencias los llevaron a dejarse la barba. “La genética me impulsó desde muy joven, porque cuando era púber ya se abrían paso algunos incipientes pelos. Con el tiempo se me hizo desgastante mantener siempre la barba corta y opté por familiarizarme con tenerla larga. ¿Por qué la tengo? Porque me hastía preocuparme por mantenerla o afeitarla. Le apliquemos a la barba la fórmula que Galeano propone para el cabello: ‘Si el pelo fuera importante, estaría dentro de la cabeza, y no afuera’”, bromeó, seriamente, David. ¿Cómo la cuida? “Rascándomela con avidez y lavándome la cara después de comer”, dijo.

Diego confesó que lava seguido con champú su barba de mediana extensión. “La recorto cuando está desprolija o muy larga. Igual mi sueño es tenerla superlarga como los ZZ Top. También me gustaría teñirla de algún color. Supongo que lo haré cuando me jubile o no tenga jefe”, comentó.

Fuente: Mensandbeauty.com

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